«(…) Como una dama en una película de terror que teme que la vela en la mano ilumine el espectro a su espalda, aparto la mirada cada vez que cualquier superficie me devuelve mi imagen».
«Y empiezo a sortear la visión de mi cuerpo. Las tinieblas ganan cada vez más terreno a mi alrededor. Me ducho con la luz apagada, me peino en la penumbra, me visto con el reflejo de la lámpara del pasillo. Y evito los espejos (…)»