« negro y sin mangas.
— Pues sí tú te pones cómoda como invitada, el anfitrión también puede.
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« negro y sin mangas.
— Pues sí tú te pones cómoda como invitada, el anfitrión también puede.
« — Podrías ayudarme no distrayendome, idiota.
Y no se refería a sus palabras. Decidió inclinar el cuerpo ligeramente, mientras ella acortaba distancia.
Tras ello, se deshizo de su camiseta amarilla de mangas largas, quedando únicamente con la camisa interior que utilizaba. De tela fina, color »
Se percató de ese detalle, provocando que sus pómulos se encendieran.
Digamos que no era la primera vez que tenía esa visión de Ranma, o más bien, de su delantera.
Aún así, siempre le provocaba el mismo sentimiento de vergüenza... Eran especialmente vistosas, después de todo.
»
« Nuevo trago dio a su bebida, apartando la mirada un momento para observar a la pelirroja en el interior de la tienda.
Un escalofrío como el de antes sintió al verla más... sugestiva.
Decidió abandonar la olla por un momento, entrando el mismo al interior de la tienda.
— ¿No vas a ayudar?
— Claro, ahora la culpa es mía.
No quieres admitir que te mueres de ganas de probar mi comida.
Advirtió, tomando la bolsa con las verduras, limpiandolas previamente con un poco de agua. Después, las echó en la olla ya caliente. Puesto que eran los alimentos que más tardarían en cocerse. »
« entrada de la tiendita, abriendo la lata para beber un poco en lo que el agua se calentaba.
— Ya verás, te encantará mi comida.
« soslayo al interior de la tienda de campaña. Sintió un escalofrío al ver a Ranma de esa forma tan... Relajada.
Ya habiéndose despojado de su calzado, e incluso aflojando su camisa. Estiró el brazo, para tomar el refresco que le ofreció rápidamente.
— Hmpf, gracias.
Añadió, sentándose en la »
Prendió un fuego utilizando unas pocas ramas secas, llenando después la olla en cuestión con agua para dejarla hirviendo.
La receta no era demasiado complicada, tan solo debía hervir carne, verduras y los fideos en cuestión para hacer una buena comida.
Mientras estaba en ello, Ryoga miró de »
« suficiente para poder colocar su tienda.
Una vez allí, y agradeciendo al cielo llegar a su destino, Ryoga comenzó a sacar una olla y otros materiales para cocinar.
— ¡Tú ponte cómoda, mientras tanto!
¡Antes de que tus papilas gustativas sean derrotadas!
que sintió antes. Fue agradable.
— ¡Voy a preparate una buena cena para que te recuperes de tu fiebre, idiota!
Aseguró entonces.
Pocas cuadras de distancia quedaban para llegar, así que les tomó pocos minutos tras su incidente el llegar.
El descampado donde estaba era pequeño, pero »
— Debí haberme aprovechado que tenías fiebre para derrotarte en nuestro combate de antes.
Se lamentó, antes de tomar la mano impropia para levantarse del suelo.
Mano que iba a guiarle finalmente hasta su particular campamento. Aún así, en su mente continuaba rondando aquella sensación extraña »
« rodillas para señalarla después, en cuanto fue a socorrerle.
Había alcanzado a ver las mejillas adversas encendidas, antes de lo sucedido.
— ¡Entonces tuviste fiebre todo este tiempo!
¡Por eso no querías que me acercase!
« continuaba teniendo muchísima fuerza, después de todo.
Aún así, el hecho de que él tuviese la cabeza dura no era en un sentido puramente figurado. Ya que no le costó mucho levantarse, a través del golpe recibido.
— ¡Estabas roja!
Fue lo primero que dijo, en cuanto se recuperó. Se colocó de »
Se sintió un poco, confundido, el momento en que ambos tuvieron un contacto físico mayor.
Digamos que... De alguna forma le resultó agradable, estaba acostumbrado a pelear con Ranma, pero no a tener un acercamiento físicamente más normal.
— ¡Ugh!
Por el golpe recibido, cayó al suelo. Ella »
« tenerme cerca.
Increpó, frunciendo el ceño con molestia. Ya no quería apartarse de ella, más por empecinamiento que por otra cosa.
Inclinó el cuello, acercando un poco su rostro al contrario aunque ella estuviese presionando su pecho para apartarle.
— Vamos, mírame cuando te hablo.
— ¿Pero qué haces?
¡Se te cayó la bolsa!
Advirtió, pero aún manteniendo la cercanía. Estaba convencido de que tenía intención de dejarle allí solo, antes de alcanzar su tienda de campaña.
Aunque no parecía un plan muy malévolo.
— ¿Por qué te comportas tan raro?
Para golpearme no te importa »
« capacidades para desplazarse solo.
— ¿A qué viene eso ahora?
Eres tú quien me dijo que no me separara.
Se pegó a ella un poco más, colocando su mano libre en la cintura para acercarme más a él.
— ¡Seguro que quieres dejarme aquí solo, no me fío!
— Eso es mentira, incluso con hambre, una roca no podría saber bien.
Replicó, tomándose su aportación como algo genuinamente literal.
El cabeza dura de Ryoga mantuvo su agarre, con su brazo plenamente entrelazado al contrario.
La realidad era que no quería perderse, no confiaba en sus »
« Era un desastre para orientarse.
— ¡N-no!
¡Quiero decir! Planeas que me pierda para huir de mí, eso pasa.
Y en cuanto ella aflojó el agarre, él rodeó su brazo con el contrario para evitar que se separase.
— Pero si no pensases que está buena no querrías repetir, incluso si te murieses de hambre.
Jaque mate.
Respondió, sacando la lengua para hacerle un poco de burla. Reconocía las calles, estaban cerca del descampado donde se encontraba su tienda de campaña.
¿O se estaba confundiendo de calle? »
« junto a ella a través de las calles de la ciudad. El sol había empezado a ponerse, y el cielo a oscurecer.
Parecía haber tomado por costumbre que Ranma le guiase hasta su refugio de esa forma.
— ¿Ah, sí?
Por la forma en que me tomas la mano, no parece molestarte tanto...
— ¡Ahá!
Entonces admites que mi comida es deliciosa, ya que quieres repetir.
Replicó, elevando la cabeza, victorioso.
No era lo que la pelirroja había querido decir, pero lo iba a tomar como tal, para apuntar una victoria en su larga lista de derrotas.
Con paso sereno, pero firme, avanzaba »
« y materiales que llevaba consigo en su mochila.
Había visto mucho mundo, durante su viaje para encontrar el camino a casa.
— En eso si puedes derrotarme.
Aceptó, ruborizándose con suavidad, para después tomar su mano sin rechistar.
— ¡Definitivamente sufrirás una derrota culinaria!
Vas a pedir por más, en cuanto tu plato se acabe.
Replicó, como si de un reto se tratase. En realidad se defendía bastante bien cocinando, después de todo, había tenido que hacerlo para sí mismo durante mucho tiempo.
Bastándose de las cazuelas »
« dulce me gusta.
Respondió con orgullo, antes de entrar en la tienda a hacer sus respectiva compra.
Con una bolsa salió, fideos para Ramen, verduras y un poco de carne contenía. Lo justo para ahogar su billetera.
— Bien, estoy listo.
Mi comida derrotará tus papilas gustativas.
— Ese es un buen punto.
Admitió, chasqueando la lengua, no podía reprochar demasiado, tenía razón.
Una vez frente a la tienda, el perdido joven observaría las estanterías en su interior. Y los alimentos que contenían.
— ¡No necesito de tu compasión!
Aunque esta vez la aceptaré, porque el »
« en la otra punta del país, probablemente.
— Bien, lo dejaré pasar por esta vez.
¿Qué quieres comer?
— ¿Y por qué soy yo quién debe invitarte a ti?
¡No es justo!
Se quejó, sacando la lengua en forma de burla, para molestarla. De igual forma, tomó la mano impropia, para dejarse guiar por la pelirroja.
Su sentido de la orientación era terrible, y si fuese por él, ambos habrían acabado »
« en la cabeza ajena.
— Pero vamos, tengo hambre.
Emitió un leve quejido, al notar cómo ella se desprendía de su espalda, frunciendo el ceño.
Seguidamente, estiró las extremidades, girándose para posicionarse junto a ella.
— ¡Seguro que solo es una excusa para huir, cobarde!
Reprochó, bajando la diestra para dar toquecitos »